El terremoto que ha demolido Haití no hace sino confirmar las premoniciones contenidas en las populares leyes del ingeniero aeroespacial norteamericano Edward Murphy: cualquier situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar. Desde el victorioso alzamiento de las milicias esclavas en 1804 contra la dominación francesa, que alumbró la primera república negra de América, el país encadenó calamidades físicas, sociales, políticas y económicas. Todo se soluciona y se destruye a la tremenda en la mendicante esquina de Latinoamérica: las sucesivas crisis gubernamentales se arbitraron a machetazos, la pobreza, con hambre y migraciones masivas, y los desastres naturales no la borraron del mapa porque lo impidió la ayuda internacional.
Después del terremoto, los habitantes de Cité Soleil cargaron sus muertos hasta una avenida de otra zona menos miserable del ya de por sí miserable Puerto Príncipe porque sabían que nadie entraría jamás a su barrio a llevárselos.
Miles de antiguos reclusos andan sueltos por Haití desde que el terremoto destruyera parte de las principales cárceles de Puerto Príncipe. La cárcel que quedó en pie en el barrio de Carrefour está repleta. Y las otras destruidas. Cientos de policías murieron y los presos se han organizado. Ante la inoperancia de una policía demasiado joven y desmotivada, las compañías privadas de seguridad imponen su ley en la calle. Con la connivencia de las autoridades.
A pesar de la escasa infraestructura tecnológica de Haití, los móviles cumplen su función para compartir información básica. Por su sencillez de uso, Twitter se ha convertido en una de las herramientas preferidas para contar qué sucede en Haití, sobre todo en su capital, Puerto Príncipe.
Al caer la noche en el aeropuerto de Puerto Príncipe, donde duermen en tiendas de campañas los cooperantes y periodistas internacionales, decenas de haitianos se aglomeran a la salida ofreciendo sus servicios como conductores, traductores o simples guías. Apenas media hora en moto-taxi hacia el norte de la ciudad, en las afueras del hotel Ville Créole, donde pernoctan en sacos de dormir algunos reporteros, se oyen varios tiros a las nueve de la noche. Muy pocos se han oído hasta ahora si se tiene en cuenta que la policía no se deja ver en las calles y los presos de la mayor cárcel del país huyeron en la tarde del terremoto. A falta de una ayuda internacional mejor organizada, los haitianos han seguido practicando el arte de sobrevivir en las condiciones más difíciles, algo en lo que han venido ejercitándose durante gran parte de los 204 años desde que lograron la independencia.
En medio del caos de calles bloqueadas por los saqueadores, edificios hechos puré y millares de gentes como hormigas caminando de acá para allá buscando agua y comida, avanza un viejo camión ruso con una brigada de hombres en mono de soldador: pertenecen a un grupo de rescate anárquico y efectivo proveniente de Moscú, especializados en arrancar personas vivas a los escombros. El sábado por la tarde alguien les vio circular por una avenida de Puerto Príncipe y les señaló una casa partida en dos:
HA SIDO TAL el impacto que me ha causado esta tragedia que he decidido registrar lo que noticiosamente me ha llamado la atención en los distintos diarios a los que tengo acceso en internet. Me impresionan las condiciones en las que se ha dado la tragedia del terremoto y me asombra la cantidad de capas que puede contener una tragedia ya de por sí espantosa como lo es que cientos de miles y millones de personas enfrentan en un espacio tan pequeño: la esclavitud de siglos, los gobernantes tiranos y sanguinarios, además rateros, las inclemencias del clima con huracanes devastadores y ahora el terremoto, pero además con sus sub-capas de calamidad: la ingobernabilidad, el saqueo, la ayuda estropeada por la misma situación de barbarie, la ignorancia de la gente ante un sismo (la gente corrió adentro de sus casas a "protegerse" del temblor), la insalubridad ya existente, la esclavitud vigente (300,000 niños esclavizados al interior de su misma sociedad), todo lo que uno pudiera imaginarse que es el infierno en la tierra, lo hemos visto ya en Haití.
EL ALTO IMPACTO QUE ME HA CAUSADO ESTA TRAGEDIA ME LLEVA A QUERER REGISTRARLA PARA QUE NO SE PIERDA EN LA FUGACIDAD DE LO NOTICIOSO EN INTERNET, QUE QUEDE GRABADO EN ALGÚN LUGAR PARA QUE NO SE OLVIDE, HAY HECHOS QUE LA HUMANIDAD NO DEBE OLVIDAR SOBRETODO POR LAS CONDICIONES DE MISERIA EN QUE SE DAN